Tras su paso por la Cancillería, Aramayo asume una de las responsabilidades más importantes del Ejecutivo con la misión de acompañar al presidente Rodrigo Paz en una etapa definida como el inicio de “transformaciones profundas”.
Fernando Aramayo dejó la Cancillería para asumir una de las posiciones más estratégicas del Gobierno de Rodrigo Paz. Desde este lunes, es el nuevo ministro de la Presidencia, una designación que lo coloca en el centro de las decisiones del Ejecutivo y frente al desafío de convertir la visión presidencial en gestión, coordinación y resultados concretos para el país.
Aramayo fue posesionado por el presidente Rodrigo Paz en un acto en el que también asumió Héctor Huanca Gutiérrez como nuevo ministro de Relaciones Exteriores. El movimiento forma parte de una reestructuración del gabinete con la que el mandatario busca cerrar una etapa de transición y abrir un nuevo periodo de transformaciones.
La elección de Aramayo no es menor. Su traslado desde la Cancillería hacia la Presidencia lo coloca al lado del mandatario en una posición que exige capacidad política, conocimiento del Estado, criterio para la toma de decisiones y, sobre todo, una permanente coordinación con las diferentes áreas del Gobierno.
Para Paz, el nuevo ministro tendrá “nuevas responsabilidades” y deberá realizar seguimiento tanto a las políticas nacionales como internacionales. Es decir, tendrá bajo su responsabilidad una tarea que trasciende la administración de una cartera: deberá ayudar a que las decisiones del Presidente lleguen a cada rincón del Estado y se traduzcan en acciones.
El hombre que asume una responsabilidad mayor
Aramayo llega al Ministerio de la Presidencia después de haber desempeñado la conducción de la política exterior boliviana. Esa experiencia le otorga una perspectiva amplia sobre los desafíos que enfrenta el país y sobre la necesidad de combinar decisiones internas con una política internacional que permita reposicionar a Bolivia.
Su nuevo papel será todavía más exigente.
El Ministerio de la Presidencia se constituye en uno de los principales centros de articulación del Gobierno. Desde allí se deberá acompañar el trabajo de las distintas carteras, hacer seguimiento a las políticas nacionales, mantener una coordinación permanente con las regiones y contribuir a construir puentes institucionales que permitan avanzar en la agenda del Ejecutivo.
Por eso, Aramayo no solamente recibe un despacho. Recibe una responsabilidad política y administrativa de enorme dimensión.
El Presidente espera de él capacidad para escuchar, ordenar, coordinar y ejecutar. Pero también firmeza para tomar decisiones cuando el momento lo exija.
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