La salida del general Mirko Sokol Saravia de la Comandancia General de la Policía Boliviana abre un fuerte debate sobre los intereses que, según su entorno, se habrían visto afectados por la lucha emprendida contra la corrupción y las organizaciones criminales dentro de la institución verde olivo.
El abogado del excomandante, Abel Loma, afirmó que la renuncia de Sokol representa “una victoria de los corruptos y narcotraficantes”, al considerar que durante su gestión se convirtió en un obstáculo para quienes pretendían mantener prácticas irregulares dentro de la Policía.
Según el jurista, la llegada de Sokol a la máxima conducción policial representó una oportunidad para impulsar cambios profundos y enfrentar estructuras que durante años habrían encontrado espacios para operar dentro de la institución.
“Él está siendo atacado por sus luchas contra la corrupción dentro de la Policía. Ya no existía tráfico de cargos; los corruptos y narcotraficantes tenían a Mirko Sokol Saravia como una piedra en el zapato, un obstáculo para hacer sus fechorías”, sostuvo Loma.
Para la defensa del excomandante, la gestión de Sokol estuvo marcada por una decisión firme de enfrentar prácticas irregulares y cortar mecanismos que favorecían intereses particulares. Sin embargo, esa misma determinación habría generado una reacción de sectores que se sintieron afectados por las medidas asumidas.
Loma lamentó que la salida de Sokol se produzca cuando, a su criterio, existía una oportunidad histórica para transformar y fortalecer a la Policía Boliviana.
“Seguramente deben estar muy felices de que un policía de tan notable trayectoria haya dejado el cargo. El general Sokol ha sido una oportunidad histórica de cambiar a la institución, pero eso se diluye como agua entre las manos”, manifestó.
El abogado aseguró además que el ahora excomandante fue blanco de una campaña sistemática de desprestigio y amedrentamiento que terminó debilitando su permanencia al frente de la institución.
Según Loma, en esta ofensiva participaron diferentes actores, entre ellos autoridades, legisladores, medios de comunicación y autoridades fiscales, quienes —de acuerdo con su denuncia— impulsaron acciones en contra del general.
“El general Sokol ha sido víctima de un ataque certero de algunas autoridades de Gobierno, diputados, de algunos medios de comunicación plenamente identificados y de algunas autoridades fiscales que en tiempo récord admiten denuncias contra él”, afirmó.
El ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, confirmó que Sokol cumplió su ciclo al frente de la Policía Boliviana y anunció que su reemplazante sería posesionado.
No obstante, para la defensa del general, su salida deja una interrogante sobre el futuro de la lucha contra la corrupción interna y el narcotráfico. Abel Loma sostiene que quienes se beneficiaban de prácticas irregulares podrían considerar la salida de Sokol como la eliminación de una de las principales barreras para sus intereses.
Mientras tanto, el caso denominado “audios filtrados” continúa generando polémica. La Fiscalía aún no fijó fecha para la declaración del excomandante general, luego de que en esos registros surgieran menciones a presuntos hechos de corrupción que, según sus críticos, no habrían sido denunciados oportunamente.
La salida de Mirko Sokol, por tanto, no solo representa el cierre de una etapa en la conducción de la Policía Boliviana, sino también el inicio de un debate sobre cuánto avanzó la lucha contra las estructuras corruptas y si su alejamiento del cargo podría significar un retroceso en los esfuerzos por limpiar una de las instituciones más importantes del país.
Para su abogado, el mensaje es contundente: la salida de Sokol deja satisfechos a quienes veían en su gestión un obstáculo para la corrupción y el narcotráfico. Ahora, el desafío será demostrar si la lucha que impulsó tendrá continuidad o si, como advierte su defensa, quienes se sintieron amenazados por sus acciones terminaron imponiéndose.
![]()
















Comentarios