Bolivia apunta a consolidarse como uno de los principales polos de turismo sostenible en la región, con metas ambiciosas de generación de empleo e ingresos que podrían transformar su matriz económica en los próximos años. Con una riqueza natural, cultural y patrimonial reconocida a nivel internacional, el desafío ahora es convertir ese potencial en resultados concretos y sostenibles.
Desde el ámbito académico, especialistas del Centro de Investigación, Innovación y Transformación Digital en Turismo (CIINTUR) de la Universidad Franz Tamayo sostienen que el país debe dar un salto estructural. La coordinadora del centro señala que el reto no es menor: pasar de un turismo emergente a uno alineado con las exigencias del siglo XXI, mediante cambios impulsados desde lo local y respaldados por políticas nacionales.
Uno de los principales desafíos es dimensionar correctamente la situación actual del sector para diseñar soluciones integrales. La apuesta, según los expertos, es que el turismo pueda convertirse en un motor económico capaz de generar ingresos iguales o incluso superiores a los provenientes de la exportación de gas, lo que implicaría una transformación profunda en la estructura productiva del país.
La cadena de valor aparece como un eje clave en esta transición. Integrar a comunidades, productores, agencias de turismo, operadores de transporte y autoridades permitiría construir un ecosistema sólido y competitivo. El trabajo articulado, sostienen, es fundamental para garantizar calidad en los servicios y posicionar los destinos tanto en el mercado nacional como internacional.
La modernización tecnológica también es determinante. Persisten limitaciones en promoción digital, acceso a sistemas de pago electrónicos e implementación de herramientas innovadoras como billeteras digitales o métodos de pago internacionales, aspectos cruciales para atraer al turismo extranjero.
En el caso de La Paz, la Mesa Ejecutiva de Turismo proyecta que, si se consolida un modelo sostenible, podrían generarse hasta 1.000 millones de dólares anuales y 100.000 empleos directos e indirectos hasta 2030. Actualmente, el departamento concentra el 33 % del PIB turístico nacional, aunque estimaciones técnicas señalan que pierde millones de dólares diarios por no activar plenamente su potencial.
Destinos emblemáticos como el lago Titicaca, el Illimani, el Madidi y Tiwanaku reflejan la riqueza natural y cultural disponible. El objetivo ahora es transformar estos recursos en oportunidades económicas sostenibles, con identidad territorial y beneficios directos para las comunidades.
Bajo esta perspectiva, el turismo no solo es una industria de servicios, sino una estrategia de desarrollo de largo plazo capaz de generar divisas, empleo digno y cohesión productiva, siempre que el país logre pasar del discurso a la ejecución efectiva.
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