La crisis por los bloqueos en Bolivia cumple 25 días y comienza a sentirse con mayor dureza en las principales ciudades del país.
En La Paz, la escasez de alimentos ya golpea a mercados y hogares, mientras el Gobierno nacional mantiene su apuesta por el diálogo como principal vía para evitar una mayor confrontación social.
En medio de este escenario, el diputado Manolo Rojas se convirtió en una de las voces más firmes dentro de la Asamblea Legislativa, al defender la necesidad de aplicar medidas contundentes para restablecer el orden y garantizar la circulación en las carreteras del país.
Durante una sesión virtual de la Cámara de Diputados, el legislador sostuvo que Bolivia enfrenta una situación crítica y pidió dejar de “normalizar” los hechos de violencia registrados en medio de las protestas. Rojas respaldó la posibilidad de declarar estado de excepción y afirmó que el objetivo principal debe ser la pacificación nacional y la protección de la ciudadanía.
“Aquí hay dos facciones: el pueblo boliviano y los terroristas. Si esos terroristas quieren saber cómo muerde la fiera, que lo sientan”, manifestó el asambleísta, en referencia a los sectores movilizados que mantienen bloqueadas varias rutas estratégicas del país.
El parlamentario también defendió el derecho constitucional a la protesta, aunque remarcó que los actos violentos y las agresiones contra efectivos policiales o militares no pueden quedar impunes. “No entiendo por qué las personas de pie tienen miedo al estado de excepción. El derecho a la protesta y la huelga está garantizado, pero quien mata o lesiona a un efectivo policial o militar debe atenerse a las consecuencias”, señaló.
Las declaraciones de Rojas surgen en un momento de creciente preocupación ciudadana por el impacto económico y social de los bloqueos. En La Paz, comerciantes y vecinos alertan sobre la falta de productos básicos y el incremento de precios, mientras sectores productivos advierten millonarias pérdidas.
Pese a la presión de distintos actores políticos para asumir medidas más drásticas, el Gobierno continúa priorizando el diálogo antes que la confrontación, buscando evitar una escalada del conflicto que profundice aún más la crisis nacional. Entretanto, el debate sobre cómo devolver la normalidad al país se instala con fuerza en el escenario político boliviano
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